La vida empuja: ¿A que no me conoces?, por Gilberto Varela

mar 13, 2015 Sin comentarios por

¿A que no me conoces?

Precisamente fue  el año 1954 cuando mi abuela hizo las paces con mi mamá y nos mudamos de Barquisimeto a Caracas. El último año lo había vivido con mi abuela en Nueva Segovia, un sitio que comenzaba su construcción en las afueras de la ciudad al que llamaron urbanización y que contaba con cuatro casas regadas en un campo lleno de ganado y de campesinos que circulaban en burro y en bicicleta. Por cierto que fue allí, donde aprendí a montar la bici y todavía conservo huellas de ese aprendizaje, como la cicatriz en mi mano derecha.Cuando la veo por casualidad, recuerdo el momento en que asustado, por que cogía velocidad en una bajada, quise detenerme y en vez de usar los frenos de la bicicleta, me agarré a un palo que tenía alambres de púas. Con los años la cicatriz se a borrando a medias. La otra huella es que un día tratando de encaramarme a la bicicleta, perdí el equilibrio y caí sentado en una gran penca de tuna con unas espinas más largas que una inyectadora intramuscular. Entre mi abuela y una chica amiga de la casa estuvieron  riéndose y sacándome con pinzas de cejas, las espinas del culo. Aunque la verdad es que no dejó huellas como en la mano. El espejo no miente. Por esas dos razones de peso no olvidé nunca donde aprendí a montar bicicleta.

Acababa de hacer mi primera comunión, tenía 10 años y quería meterme a cura. Nunca había entendido lo que era  EL CARNAVAL. Para mí era chino. Hasta entonces los únicos disfraces que había visto en Barquisimeto eran los de los Diablos de Yare el de la Burriquita, y el CARITE, que lo bailábamos en la escuela. En aquel entonces a  mi mamá le gustaban las fiestas y cuando llegó el CARNAVAL a Caracas, me llevó  a un baile, mejor dicho a un Templete en la plaza Capuchinos, creo que también fuimos a la Plaza de San Juan y a la Pastora. Yo era un niño que no sabía bailar ni nada por el estilo y si lo supiera tampoco sabría hacer en bailes de mayores. Los disfraces más usados eran los de negritos, negrita, las odaliscas para niñas, o de muñeca, vaqueros, indios para varones y los adultos disfrazados con cualquier mascarilla gritando con voz atiplada: “¿A que no me conoces?”  Eso era lo que abundaba.

Negritas de Carnaval 1

 

 

 

 

 

A mí lo que me gustaba más era  ver el desfile de las carrozas por la Avenida Urdaneta. Cuando pasaban gritábamos: “Aquí es…aquí es…aquí es”  llamando la atención para que nos lanzaran caramelos. Aquellas grandiosas carrozas de los inolvidables carnavales de Pérez Jiménez, los que tuvimos la fortuna de vivirlos, creo que no los olvidaremos.

Carnaval Gilberto 1

Carnaval Gilberto 4

 

 

 

 

 

Nos divertíamos así, hasta el martes de carnaval, que era carnaval con agua, con harina, con pintura, con lo que te echaran y hasta con petróleo que una vez me echaron en la cabeza y como se secó el pelo, me tuvieron raspar el coco. Hasta que no me creció, se burlaron de mí como les dio la gana. Por eso no extraño el martes de carnaval.

Carnaval Gilberto 3

Carnaval Gilberto 2

 

 

 

 

Pero de todas formas fueron años increíbles. Qué tiempos aquel Dios mío. El espíritu del carnaval se mantuvo quizás hasta los años 60 con las orquestas. Había lugares como “En el Ávila es la Cosa” donde presentaban Orquestas fabulosas, con Tito Rodríguez, Tito Puente, la Sonora. Caracas acaparaba a una cantidad de famosas bandas musicales latinas. A finales de los años 60 comenzó a morir el auténtico espíritu del carnaval venezolano y se perdió totalmente con la Venezuela saudita, de los 70’s. Una lástima porque en aquel tiempo tuvimos carnavales a la altura de los de Barranquilla, Santa Marta o Cartagena de Indias.

Los mejores carnavales que he vivido.

 Gilberto Varela.

 

 

 

Cátedra del humor, Firmas, Gilberto Varela
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