La situación patrimonial de la nación. Por Eddo Polesel.

jun 30, 2015 Sin comentarios por

En el campo interno pareciera que el régimen no tiene intención de asumir la responsabilidad de la grave crisis del país y ocuparse, en serio, de encontrar soluciones sino insistir con más de lo mimo. Por otra parte, mientras la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, en el artículo 318 contempla taxativamente, que: “El objeto fundamental del Banco Central de Venezuela es lograr la estabilidad de los precios y preservar el valor  interno y externo de la unidad monetaria” ; y le atribuye: “funciones  de coordinación con la política económica general, para alcanzar los objetivos superiores del Estado y la Nación, ese organismo -bajo el régimen revolucionario- no solo ha dejado de publicar las variables económicas sino que en lugar de tomar medidas, como le ordena la Constitución ha venido haciendo todo lo contrario, emitiendo papel moneda sin respaldo para pagar nóminas de las empresas deficitarias del Estado, y financiando el déficit fiscal, lo cual ha llevado el país -no a la estabilidad- sino a una progresiva y peligrosa estabilización de la economía por un incremento indetenible de los precios llevándonos a la hiperinflación que es la principal causa de los serios daños que han sufridos a los activos públicos y privados y consecuentemente al PATRIMONIO DE LA NACIÓN.

 En campo internacional la situación se está  deteriorando, aumentan las presiones y se alarga la preocupación por lo que está pasando en Venezuela; por violaciones a los Derechos Humanos, restricciones a las libertades políticas, por el cerco asfixiante tanto a los medios de información como a las actividades privadas; por la inseguridad personal y de los bienes, y finalmente por la escasez general de alimentos e insumos esenciales y es sumamente triste que esto ocurra después de haber disfrutado el gobierno de la extraordinaria bonanza petrolera que, lamentablemente, no ha sabido administrar con pulcritud y menos con responsabilidad causando impactos negativos inmedibles en términos económicos pero dramáticos en lo social por el degrado de la calidad de vida de la población en general.

 Los activos privados han sido progresivamente disminuidos por las directrices políticas aplicadas con el pretexto de imponer un nuevo modelo de sociedad “socialista”, agravando al extremo la situación preexistente ya que, en lugar de ir corrigiendo imperfecciones y desviaciones  se ha tomado la vía de las expropiaciones, ocupaciones o dejando invadir fundos privados productivos, agrícolas y pecuarios, dando vida a una economía de puerto. En campo industrial, empresas altamente productivas han sido expropiadas u ocupadas y ahora son una pesada carga para el Estado. En el sector Comercio y Servicios, después que el régimen ha monopolizado las importaciones ha pretendido sustituir a los centenares de miles de puntos de venta privados en todas las ciudades, pueblos y caseríos del país, con cadenas de “mercales, pedevales y bicentenarios” manejados por funcionarios del régimen y por personal inexperto que ha causado una total disfunción del sistema, como la creación de bachaqueros, que ha sido caldo de cultivo tanto de la especulación como de un nuevo tipo de corrupción que se ha degenerado en sustracción de ingentes fondos públicos, de millonarias pérdidas en operaciones y de mercancía dañada en los puertos u almacenes del Estado.

Los activos públicos no han escapado a una progresiva degradación  ya que, mientras el Estado, por la actitud de un Gobierno intervencionistas, se ha venido recargando de funciones y actividades que no le son propias; ese Estado -como ente nacional, al servicio de todos los ciudadanos- ha desatendido funciones que son de su absoluta responsabilidad. Lo comprueba, entre otras deficiencias, el abandono en que han estado los programas de adecuación y mantenimiento de las infraestructuras físicas viales urbanas e interurbanas; la de los servicios básicos y de sanidad, agua potable, agua servida, cloacas y drenajes,  lo cual es una evidente demostración del nivel de desatención en adecuar los servicios indispensables para la salubridad pública. Y, por la actitud que mantiene frente a la inseguridad personal pareciera que, para el régimen, esa no es una función del Estado; como tampoco la educación primaria no proporcionando a este importante sector de la sociedad, adecuadas instalaciones física y atención mínimas de alimentación a la escolaridad en las instituciones públicas. Menos aún pareciera, que lo es, el cuido y el mantenimiento del patrimonio inmobiliario del Estado, en cuyas instalaciones  mal funciona una abultada Administración Pública de muy baja eficiencia y por las imperdonables deficiencias de los servicios sanitarios. Todo lo cual nos lleva a una primera conclusión: un degrado general extendido que afecta a todos los grupos sociales; degrado profundo y difícil de seguir ignorando, cuyo resultado más pernicioso es que en lugar de lograr que las clases bajas iniciaran la subida a un primer nivel de clase media y evolucionaran favorablemente dentro de esta, la revolución ha logrado empobrecer la clase media la cual ha deslizando hacia la clase baja.

 A lo dicho hay que agregar situación en se encuentra la que otrora había llegado a ser entre las primeras empresas del sector energético en el mundo, Petróleo de Venezuela, PDVSA que mantenía una posición patrimonial solvente, con una alta eficiencia en su operaciones interna y externas que, con visión de largo plazo y  una estructura internacional aseguraba la venta de petróleo extra pesado la cual, entre 1994 y 1998, genero las condiciones políticas y legales para abrirse a una expansión que tenía el propósito de mantener un liderazgo mundial en la producción de petróleo, optando por un aumento de la producción con la denominada  APERTURA PETROLERA, que contemplaba inversiones, entre públicas y privadas, por más de treinta mil millones de dólares, para alcanzar en 2005 a una producción de petróleo  de más cinco millones de barriles diarios. En cambio hoy nos encontramos con una PDVSA ineficiente, descapitalizada, altamente endeudada, con una producción que disminuye por falta de inversiones y que se encuentra acechada por decenas de reclamos pendiente en Centro Internacional de Arreglo de Diferencias sobre Inversiones, que representa una peligrosa espada de Damocles que pende sobre cabeza todo los venezolanos. Apertura que, al llegar al gobierno el chavismo en 1999, fue brutalmente revertida en función de un proyecto ideológico por el cual hemos venido sufriendo las consecuencias.

 Con el gobierno chavista, la Nación ha sufrido un proceso de descapitalización progresiva por ventas de activos en el exterior (Refinería en Alemania y USA). Ha tenido que entregar oro de las Reservas para obtener préstamos de bancos Norte Americanos. Fuertemente endeudado con la República China garantizados por entrega a futuro de petróleo hipotecando las reservas. Con una millonaria deuda externa no registrada por compromisos con proveedores que suministran productos indispensables para comer y con prestarios de servicios internacionales que amenaza de quedar aislado del mundo que, para completar, ha procedido a efectuar retiros de buena de parte de nuestra cuota en el Fondo Monetario Internacional por estar imposibilitado, este gobierno, de obtener financiamiento de organismos multinacionales por una posición financiera inauditable.

 Frente a ese cuadro surge la razón fundamental para que la sociedad venezolana, guiada por nuevas organizaciones sociales y políticas se una en el supremo esfuerzo para el rescate del PATRIMONIO MORAL Y MATERIAL DE LA NACIÓN que es de todos.

Eddo Polesel.


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