Recordar es Vivir: De todo como en Botica. Aquellos menjurjes de ayer. Por María Laura Marrero.

ago 02, 2015 Sin comentarios por

Si tenemos la oportunidad de ver un establecimiento farmacéutico español de siglo pasado, o algunos que conservan la antigua estructura y algún mobiliario, podemos llegar fácilmente a  la conclusión de que la popular  botica venezolana fue un trasplante que se hizo en la época de la colonia y de ahí su estrecho parecido.

El significado de la palabra “botica” es almacén y despacho de medicinas. Viene del griego apotheke. En la época medieval pasó a las lenguas latinas con la forma apotica. Más tarde se convirtió en botica y en la farmacia de hoy.

 Las boticas eran, además de centros de salud, centros de cultura. En sus locales se organizaban las tertulias de los pueblos, entre pócimas, embudos, morteros, pipetas, pinceles, frascos, filtros y todo tipo de recipientes.

 De todo como en botica 1, María Laura MarreroLas primeras boticas públicas surgen en el siglo XIV, cuando las ciudades experimentan un gran florecimiento económico con el desarrollo de los oficios y con el gremio de los artesanos. Estas precursoras de las actuales farmacias se parecían más a talleres alquimistas, con las estanterías rellenas de frascos y cuya parte más importante era el laboratorio.

 Los queridos boticarios, porque ya pasaban a ser de la familia de tanto tratar nuestras dolencias, le daban un cierto aire de misterio a su trabajo.  Bien escondidos en “sus laboratorios”, tras el cuentagotas, las probetas de vidrio,  las espátulas, y sus recipientes de porcelana blanca,  daban forma a sus preparados, formulas médicas o mágicas que eran elaboradas según las instrucciones escritas y poco entendibles, de algún médico del mismo vecindario.

De aquella botica salían jarabes, píldoras, ungüentos, unturas, fricciones, bálsamos; elaboraban cremas, lociones y productos para el embellecimiento, con un buen surtido de tallos, raíces, hojas y flores de plantas medicinales.

 De todo como en botica 2, María Laura MarreroLos cronistas de la puebla de Santiago de León de Caracas registran como el expendio de medicinas más antiguo de la capital la Botica de Velázquez, fundada en 1877;  la misma donde el doctor José Gregorio Hernández mandaba a elaborar sus recetas, compuestos de plantas caseras, que las más de las veces lograron la curación.

 El nombre de la farmacia tiene que ver con el lugar donde está enclavada: la esquina de Velázquez. Allí existía un tarantín con ribetes de botiquín, servido por el ‘barbero cirujano’ que atendía al prior del convento de San Jacinto, y quien adquirió mobiliario y menjurjes.

 De todo como en botica 3, María Laura MarreroEntre los medicamentos que han hecho famosa a la Botica de Velázquez, está el jarabe Lamedor, un producto para la tos y  las gotas de Rubí para las reglas excesivas y dolorosas, hechas con hamamelis e hisdrastis (hoy prohibidas) el jarabe Fosfoly la Conserva de Vargas (creada por el Dr. José María Vargas) muy buena para el hígado, que consistía en una jalea preparada con ruibarbo y naranjas amargas”.

 También era famosa una loción para el cabello, preparada en la Farmacia La Marrón, llamada Loción Fragante Marca B grande, la había con grasa y sin grasa y servía para la caída del cabello y la caspa.

 Pero además, vendían, aceite de tártago, ideal como purgante, jarabe de tolú con ipecacuana, Guayacol o esencia de clavo para el dolor de muelas, elixir paregórico o anís estrellado para trastornos estomacales, gotas de valeriana para los nervios, gotas del Carmen para los desmayos o soponcios, tonificante 5 fluidos (a basede raíz de quina, kola, valeriana, y serpentaria) combinados con una copita de vino.Pastillas de sensen para el aliento, polvos de olores para la ropa, aceites de almendra, de aguacate y de coco, para suavizar el  cabello.

 Entre tantos productos, encontramos la pasta de almendra, los jabones de lechuga, vainilla, benjuí,  lila, glicerina y heliotropo. Sales, polvos, elixires; todo para el embellecimiento de las manos y del cuerpo.

 En cuestiones del amor lucían un excelente stock de fragancias con nombres muy exóticos: ramillete de la emperatriz, Rondelalia, Napoleón, Ambrosía y Jockey Club.  Todo combinado con delicados papeles, sobres blancos y papel de carta.

 Nunca faltaron los productos importados como las medicinas patentadas del Dr. Jayne o el jarabe de la señora Winslow para los pequeños en edad de dentición. Y unas pildoritas ideales para limpiar los riñones. Las tales píldoras del Dr. Ross, daban un color azulado a la orina.

 La mayoría, o mejor dicho, la totalidad de las boticas han desaparecido para dar paso a las farmacias y estas a su vez han cedido para formar parte de grandes farmacéuticas que son verdaderos supermercados donde además de medicinas venden alimentos, perfumes, juguetes, dulces, refrescos, tienen sección de óptica, ortopedia y servicio de laboratorio de sangre, orina y heces, aunque estamos por creer que al final de cuentas estas boticas fueron las predecesoras de estos famosos supermercados farmacéuticos, pues también encontrábamos brochas, pinturas, telas para pintar, instrumentos de cirugía, marcos para retratos, lentes, velas, aguas minerales, artículos fotográficos, entre otros.

 Para que sigan manteniendo la misma esencia con aires de modernidad, sólo falta que los modernos automercados y farmacias en Venezuela puedan tener suficiente stock para poder adoptar aquella frase coloquial: “de todo como en botica”.

María Laura Marrero.

Firmas, María Laura Marrero
Sin respuestas a “Recordar es Vivir: De todo como en Botica. Aquellos menjurjes de ayer. Por María Laura Marrero.”

Deje una respuesta