Accidentes. Por Albania Oyarzun.

oct 11, 2015 Sin comentarios por

Cuando Sebastián decidió quedarse en Tenerife al terminarse su visado de turismo, sabía que correría riesgos. Podrían detenerle en cualquier control rutinario, podrían deportarlo, podrían pasar mil y una cosas inesperadas. Nada de eso le atemorizaba demasiado, porque pensaba que era poco probable que “le tocase a él”.

Lo único que sí que le preocupaba era la posibilidad de enfermar, de tener que acudir a un médico y no tener ni derecho a ser atendido, ni dinero para poder pagarlo. Por eso, siempre iba con cuidado, tomaba mil y una precauciones, para evitar incluso un nimio resfriado. No podía permitirse lo que él llamaba “el lujo de enfermarse.”

La tarde en que su vida empezó a cambiar se empezó a nublar el cielo desde temprano, casi al mediodía.  Al caer la tarde, Sebastián salió de su piso, donde llevaba viviendo casi tres meses, y al salir, miró hacia arriba, cuando sintió las primeras gotas de agua rodar por su rostro. Uno de esos chaparrones sorpresivos de Canarias.

Aceleró el paso, y se dirigió al paso de peatones, tratando de no mojarse demasiado, pero el suelo estaba encharcado en menos de lo que se tarda en contarlo. Con la cabeza gacha enfiló el paso de peatones a paso ligero, sin ver el coche que en vano trató de frenar. No supo bien lo que había pasado hasta que se vió en el suelo, con una pierna que no sentía como suya al principio, para dar paso a un dolor lacerante. Por su cabeza pasaron mil y una ideas, pero todas se desvanecieron cuando sintió a sus espaldas las palabras del agente de la Policía Nacional que le tranquilizaba y pedía ayuda.

A partir de ahí, recordaba de manera nebulosa su llegada al Hospital en una ambulancia, la atención de los médicos y las enfermeras, el mimo, el cuidado exquisito que pusieron en todo momento, sin preguntarle nada, sin pedirle papeles, sin otra distinción hacia él que considerarle un  ser humano que necesitaba ayuda.

Por eso se sorprendió tanto cuando al segundo día entró en su habitación una chica, atildada, bien vestida, que se identificó como una abogada experta en trámites de extranjería, que estaba dispuesta ayudarle.

Sebastián no salía de su asombro. Nunca sospechó que el policía que le ayudó en primera instancia, detectó su condición de ilegal, y a pesar de ello, puso todo su empeño en ayudarle pasándole la referencia del caso a una amiga, abogada.

Por eso ahora, a bordo del avión que le lleva de regreso a Venezuela, deportado, pero con los trámites de su residencia futura en proceso, se siente mejor, seguro del futuro, y menos temeroso de los accidentes.

Albania Oyarzun.

www.tuabogadoencanarias.com

Albania Oyarzun, Firmas
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