Construcciones. Por Albania Oyarzun.

nov 01, 2015 Sin comentarios por

¿Qué es una casa? Es un conjunto de ladrillos, puestos uno sobre los otros y reunidos bajo un tejado común. Eso es una casa. Pero cuando esa casa ha sido el lugar donde has crecido, donde has corrido por sus pasillos de niño, donde has imaginado ser cosmonauta, o cowboy detrás de una mesa, escondido, eso ya no es una casa. Es un hogar, un almacén de recuerdos.

Por eso cuando Rodrigo salió en 1941 de su hogar, siendo niño, en Tenerife, rumbo a una tierra que se prometía ilusión y futuro, sentía que dejaba algo de sí mismo, retazos de sueños entre los ladrillos de la casa de su familia.

Ahora han pasado tantos años que Rodrigo ve a sus hijos, nacidos en Venezuela, ya con pequeños retoños, que corren a su alrededor y le llaman abuelo en una tierra distinta, lejos, donde tiene su otro hogar, en el que los sueños de niño se hicieron certezas de adulto, amores y despechos, alegrías y tristezas.

Y entre esas tristezas, la de creer perdida para siempre su antigua casa en Tenerife, cerrada y abandonada, o tal vez peor, derruida o vendida al mejor postor que tal vez hiciera de ella un solar para especular con un proyecto inmobiliario.

Y ¿quién sabría decirle, pasados tantos años, cómo reclamar lo que al final era suyo? Nadie podía, pensaba con tristeza el bueno de Rodrigo.

Lo que no sabía era que había más de un oído atento  a sus recuerdos, a las historias de su infancia, a los deseos de volver a ver, aunque fuese una vez, su viejo hogar.

Por eso se confabularon Eduardo, su hijo mayor, y Esperanza, la más pequeña con su esposa Rebeca, y buscaron en Tenerife una especialista en gestiones de herencias, una abogada con un despacho pequeño pero precisamente por ello familiar, que conocía el valor de los recuerdos.

Y así, sin saber cómo, se vio en un vuelo de Iberia, según le dijeron, iban de vacaciones a Ibiza, pero al final, sin tantas explicaciones, terminó en Tenerife.

Allí recorrieron los senderos de la isla, a la par que los de los recuerdos de Rodrigo, que iba descorriendo telarañas del pasado, hasta terminar frente a la que reconoció como “su casa”, con lágrimas en los ojos, la vio en buen estado, sin desconchones, como si estuviese habitada.

Entonces Eduardo le dijo que era, en efecto, “su” casa, porque había costado pero la abogada lo había hecho: había trasteado derechos de herencia, actas notariales, registros… y había reclamado y obtenido la regularización de la propiedad.

Ahora, en los pasillos de la casa, los nietos de Rodrigo juegan a ser exploradores espaciales, mineros y descubridores, enlazando los tesoros de los recuerdos de Rodrigo con los de su propia infancia en el almacén de recuerdo de una casa, que vuelve a ser un hogar.

Albania Oyarzun.

www.tuabogadoencanarias.com

Albania Oyarzun, Firmas
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