SOCIEDAD CIVIL. Por Antonio Salazar.

dic 31, 2015 Sin comentarios por

La misma inconsistencia intelectual y/o demagogia que atribuimos con frecuencia a nuestra impagable, sobre todo impagable, clase política debería aplicarse a una buena parte de la ciudadanía y, por supuesto, a muchos periodistas. A todos les resulta muy tentador apelar a la sociedad civil sin que parezca que tengan claro en qué supuestos debe actuar. Tres ejemplos sin necesidad de ser muy prolijos; la Asociación contra el Cáncer consigue paliar los recortes en su subvención para el desplazamiento de los pacientes oncológicos gracias a múltiples colaboraciones privadas. Segundo caso, un grupo de submarinistas voluntarios se dedican de tarde en tarde a la limpieza de los fondos marinos, dedicando un día de su ocio a conseguir que aquello que disfrutan esté mejor conservado. Tercer ejemplo, una televisión privada -Mírame TV- organiza una exitosa recogida de juguetes para que los niños que no puedan recibir en casa a los Reyes Magos disfruten de la fecha con el esfuerzo privado de un montón de personas que dan lo mejor de sí mismos.


En los tres casos han sido frecuentes las críticas a las administraciones por no atender lo que los periodistas consideran es su misión. Pero a decir verdad, en una sociedad próspera, generosa y vertebrada, es la administración la que debe explicar y justificar su existencia porque no hay nada mejor que la actuación solidaria de los ciudadanos con aquellas causas que encajen de forma óptima en sus particulares preferencias. Somos los individuos los que orientamos nuestras acciones hacia los fines que nos parecen más altamente prioritarios, así sea en el mercado con nuestras decisiones de compra, como en nuestros comportamientos sociales. ¿Por qué iba a ser preferible que la burocracia se apropie de nuestros recursos para luego destinarlos a causas que no cuentan con nuestra simpatía o que, incluso, puedan contradecir nuestras más íntimas convicciones morales o personales?. Los enfermos que padecen cáncer y deben hacer un recorrido inacabable para recibir su terapia no dejan de ser atendidas por más que Sanidad no se encargue de ello. Y somos los ciudadanos los que enviamos el mensaje claro de que eso merece nuestro altruismo. Lo mismo cabe decirse para el resto de ejemplos, ya sean fondos marinos o niños pobres a los que pretendemos hacerles más llevadera su situación actual. No hay nada de malo en ello, al contrario, resulta muy conveniente reivindicar el papel de la sociedad civil, incluso aumentando su protagonismo siendo para ello imperativo que dejen de malgastar nuestro dinero desde la política para que podamos dedicarlo, también, a atender a nuestros pares. Sabemos hacerlo.

Antonio Salazar.

Firmas
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