Dolorosas decisiones. Por Americo Martín.

feb 29, 2016 Sin comentarios por
Nicolás Maduro-militar

He dicho que semejante demasía es “reveladora”. El presidente le traspasa a los uniformados la principal empresa del país, y con ello empobrece la calidad de su mando y fortalece la índole militarista de su régimen

Se afirma la creencia de que el presidente Maduro no concluirá su mandato constitucional. Lo sugiere así la marcha trepidante de la crisis más lóbrega que en muchos años haya abrumado a Venezuela. Y en verdad, crepitan burbujas de fuego en la lava del malestar popular. La gente se impacienta atormentada por la degradación de su condición de vida. Maduro se ha convertido en blanco del descontento, que trata de contener con presencias plagadas de amenazas “a lo Chávez”.

La novedad es que muchos han perdido el miedo. Se le piden soluciones a problemas sociales amargos y responde con desvaríos acerca del “imperio”, o peor aún con desmesuras de agresividad incomprensible. ¿Cómo calificar la insólita entrega de la industria petrolera, minera y de gas al alto mando militar? Maduro ha creado un monopolio inoperante y revelador. Destruida la meritocracia tras el despido suicida de más de 20.000 trabajadores altamente calificados, lo que menos podía esperarse es enfrentar el colapso de la economía con un monopolio de altos militares bajo el mando del ministro de la defensa.

He dicho que semejante demasía es “reveladora”. El presidente le traspasa a los uniformados la principal empresa del país, y con ello empobrece la calidad de su mando y fortalece la índole militarista de su régimen. Si relacionamos esta medida con el progresivo deterioro de su administración y la impopularidad certificada que lo abruma, podría sospecharse que Maduro se prepara para salir voluntariamente del poder sin aceptar que el vacío sea cubierto por la oposición democrática.

-Si yo ya no puedo impedirlo ­pensará en su diálogo con la almohada- pues que lo hagan los militares.

No obstante, si de eso se tratara, difícilmente podría desviarse el curso de la tendencia democrática. Los militares saben que en las condiciones interamericanas de hoy no se sostendría un gobierno carente de plena legitimidad constitucional. Saben también que el país se encuentra sumido en una ciénaga que obliga a aperturas democráticas y económicas porque, aislado política y económicamente, no sería administrable fuera de las premisas contenidas en la Carta Democrática Interamericana. Su inmensa deuda externa podría dar lugar a una oleada de demandas por plazos vencidos y un virtual embargo comercial y de inversiones, incluidos los auxilios de los organismos multilaterales.

En la cercana tradición de su encomiable respeto a los resultados del 6D y rechazo a la amenaza de impedir el 5 de enero la instalación de la nueva Asamblea Nacional, el Alto Mando podría más bien garantizar una transición democrática, sin odios, en función de la reconciliación nacional.

Operar un monopolio de una industria que en su decadencia envuelve hoy el destino de Venezuela puede hacerlos corresponsables de la pésima gestión revestida de hechos de corrupción sin precedentes, no digo en la historia de Venezuela sino la de América.

El diputado Uzcátegui, del bloque oficialista, ratificó públicamente que aún saliendo del poder la alianza del madurismo con los militares asegurará la pervivencia y el retorno de la sedicente revolución. Pero créanme, no funcionará.

Bajo las actuales circunstancias Caminpeg se desintegrará con más fuerza y razón que lo está haciendo Pdvsa.

Parecen dejar claro que se preparan para marcharse. Quizás Maduro y su entorno juegan con una renuncia negociada mientras procuran autonomía financiera a la FAN. Tal como Pinochet en Chile y los uniformados en Ecuador, como insinuó, sin rubor en las mejillas, el diputado Uzcátegui. El punto es que no se puede excluir a la mayoría de diálogos que envuelven el destino próximo de Venezuela. Caer de lo alto sin paracaídas puede ser muy doloroso.

Americo Martín.

amermart@yahoo.com

Firmas
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