Sindelar: “El Mozart del fútbol”, el hombre que se burló de Hitler. Por Reyes Álamo Lima.

sep 30, 2016 Sin comentarios por

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Hoy por hoy la selección de fútbol de Austria no es elitesca, si vemos el ranking FIFA los austriacos no están en el grupo de las grandes formaciones nacionales ni tan siquiera en el segundo, pero sin embargo en los años 30 impresionó ante las mejores selecciones del planeta y por ello su gran estrella Sindelar fue elegido hace unos años como el mejor deportista de la historias de ese país tanto por su clase como por su negativa a ponerse de rodillas ante un régimen como el que Alemania estaba expandiendo por toda Europa.

El fútbol está lleno de historias bonitas, sobrecogedoras a la vez que trágicas: esta es la de Sindelar, “El Mozart del Fútbol”.

La leyenda del fútbol esconde en un lugar preferente el caso de Matthías Sindelar, posiblemente el mejor jugador del mundo de los años 30 y seguro “Balón de Oro” si en aquella época se hubiese dado ese galardón. Este muchacho eligió una muerte digna antes que vivir arrastrando su conciencia al servicio de un tirano como Hitler que había decidido que el deporte sirviese para sus objetivos propagandísticos, como igualmente lo siguieron haciendo durante muchos años los comunistas del bloque soviético, tal como mostramos en un trabajo que hace un par de semanas presentamos aquí mismo, en este blog, del alemán del este, Lutz Eigendorf  y que puede buscar en este blog bajo el título “Luchó por la libertad, la Stasi lo mató”.

 a-sindelar-1Este austriaco huesudo y de mirada triste fue el mejor exponente del“Wunderteam” (equipo maravilla) el nombre por el que se conocía a la selección centroeuropea en aquellos días. El fútbol comenzaba a ser un deporte de masas y Sindelar fue uno de los primeros ídolos del continente. Nacido en 1903 en la región de Moravia, Checoslovaquia, en el seno de una humilde familia de origen judío, Sindelar emigró con sus padres y hermanos a Viena, cuyas calles vieron crecer al mejor talento futbolístico que ha dado ese país.

A los 15 años ya jugaba en el Hertha de Viena y de ahí paso al gran equipo de la época, el Austria, al que le dio tres títulos nacionales en las tres primeras temporadas. Su fama se expandía no solo por Austria sino por todo el continente y con ello ese país de los valses comenzó a ser temido futbolísticamente, asombrando con su juego a propios y extraños. En 1926, con 23 años, debutó ante Checoslovaquia, país donde nació,  y Sindelar consiguió el tanto de la victoria.

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El “Wunderteam”, el “Equipo maravilla” de Austria en el Mundial de 1934 en Italia.

Sin embargo como le ha sucedido a otras grandes estrellas del fútbol, la gloria deportiva fue esquiva con él. En 1930 porque Austria, como otras selecciones del Viejo Continente, no quiso desplazarse a Uruguay al primer Mundial de Fútbol, y en 1934 porque en Italia todo lo había dispuesto Mussolini para llevarse el título. Los libros de historia están ahí para refrendar que lo que pasó en el Mundial de Italia 34 fue un escándalo. “Il Duce” no podía permitir que el título de Campeón del Mundo se les escapara y primero ante España y luego ante la Austria de Sindelar, los árbitros fueron totalmente parcializados,  ellos se encargaron de llevar a la escuadra trasalpina a la final y al título (muy diferente del galardón obtenido por Italia cuatro años más tarde, en Francia, que si fue ganado con auténtico buen juego y honor deportivo).

En aquel 34 los árbitros tuvieron un papel muy importante para que la Italia de Pozzo llegara a la final y ganara el título. Decía Mussolini “Ganar o morir”. Ante la España de Ricardo Zamora, el suizo René Mercet, que nunca más en su vida pitó un partido porque la FIFA lo borró del mapa, anuló goles legales a los españoles y permitió excesiva dureza en los italianos, y luego ante Austria sucedió más de lo mismo. Los austriacos que eran dirigidos por Hugo Meisl, habían superado a algunos favoritos antes de llegar a la semifinal frente a Italia. Guaita marcó el gol del triunfo azzurro para regocijo del dictador Mussolini felizmente sentado en el palco, pero el árbitro antes había anulado dos goles perfectamente legales a Sindelar y había permitido que los italianos repartiera estopa (leña ) de la sabrosa. Dicen los cronistas de la época que fue un atropello en toda regla.

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Resignados regresaron a casa soñando con la oportunidad que se les presentaría en Francia 38, pero esta lamentablemente nunca llegó. Poco antes de ese mundial galo, Alemania que expandía sus tentáculos se anexionó a Austria (los teutones conocen este hecho que se produjo el 12 de marzo de 1938 como el Anschluss) y por consiguiente la FIFA impidió que en el Mundial participara un país “que ya no existía”. Los alemanes sabedores de que ganar un torneo de esa envergadura les serviría para apuntalar su campaña propagandística, invitaron a los mejores jugadores del “Wunderteam” a formar parte de su selección pero Sindelar dijo que no. Se negó a vestir aquella camiseta “invasora” y muchos menos a hacer el saludo nazi antes de los partidos. Lo intentaron convencer de muchas maneras pero su respuesta fue siempre la misma: Nein, nicht (no)

Lo que terminó por condenar definitivamente a Sindelar fue el partido amistoso entre Alemania y Austria con lo que las autoridades nazis pensaban festejar la anexión (el Anschluss) y “la unión a través del fútbol de dos países hermanos”. El genio de la propagando nazi, Joseph Goebbels, solía decir que “ganar un partido  es más importante para la gente que capturar una ciudad del Este” y ese partido era un magnífico ejemplo de sus intenciones. En la despedida de la selección de Austria como escuadra independiente, Sindelar se alineó con sus amigos. La orden recibida fue que tenían que dejarse ganar, pero cuentan los que vieron el partido que Sindelar jugó el mejor encuentro de su vida. En el minuto 70 marcó un gol y se dirigió al palco, donde estaba el propio Adolf Hitler, haciendo un baile burlón. Alemania, humillada por un jugador de origen judío que además se mofó de sus autoridades, a pesar de todo lo invitó por última vez a integrase en su selección nacional. Ni tan siquiera contestó.

Después de aquel partido se desintegró la selección austriaca y muchos jugadores lograron pasar a Suiza, pero Sindelar, muy perseguido, no lo consiguió. Se escondió en un sótano mientras los alemanes lo buscaban por todos lados y hasta ofrecieron recompensa si alguien daba información de su paradero. Sabía que todo se solucionaría si aceptaba vestirse con la camiseta de Alemania y saludar al Führer desde el centro del campo, pero siempre se negó a ello.

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Su imagen era usada por los publicistas de la época.

Seguía escondido consciente de que si lo atrapaban tenía un viaje casi seguro a un campo de concentración o, peor, a un paredón de fusilamiento. Los que alimentaron su mito sostienen que Sindelar decidió que aquello no era una formas de vivir y escogió la mejor muerte que se le ocurrió: Se encerró en aquel sótano en una habitación con su novia Maria Castagnola y abrió un hornillo de gas. En enero de 1939 los encontraron tendidos en el suelo de su pequeño refugio. Hay quienes mantienen que Sindelar nunca se propuso suicidarse y que todo se debía a un accidente. Apenas tenía 26 años de edad.

Curiosamente un oficial nazi, seguramente admirador de su fútbol, fue el encargado de permitir que Sindelar tuviera un funeral de Estado: En la partida de defunción señaló que se trató de un accidente -“muerte por intoxicación por el gas de la estufa”- ya que en caso de haber indicado que se trataba de un asesinato o suicidio, no hubiera podido gozar de tales honores. Más de 40 mil aficionados se despidieron del genial futbolista en la Viena que lo vio crecer. Sindelar fue el único capaz de desafiar a Hitler, “El Mozart de fútbol” no se resignó a vivir de rodillas.

Reyes Álamo Lima.

http://comentareyesalamo.com/2016/09/30/sindelar-el-mozart-del-futbol-el-hombre-que-se-burlo-de-hitler/

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