El llegadero. Por Gloria Cuenca.

oct 31, 2016 Sin comentarios por

Llegamos finalmente al llegadero. Como lo esperábamos, ocurrió mediante arbitrariedades y trampas. Ninguna novedad. Sorprendente habría sido que la conducta del “grupete” que asaltó el poder, mediante trácalas de muchas especies, hubiera sido otra. Nos referimos a la legalidad, la legitimidad y principalmente el respeto por los derechos humanos de los venezolanos. La primera reacción es ir a la calle a reclamar y a protestar por haberles impedido la acción que define la democracia: votar y, más allá, revocar.

El gobierno no quiere entender que no lo queremos más y que también somos pacíficos y democráticos. Esta, la acción ciudadana. ¿Qué revela la conducta del régimen? ¡Miedo! Presidente, jueces, rectoras del CNE, ministros y el psiquiatra demuestran un terrible temor a la pérdida del poder. La pérdida del poder, para ellos, significa la pérdida de sí mismos: sin identidad. No son nada sin cargos en el gobierno. Y ¿si les quitan el dinero, bien o mal habido? Recuerdo, imposible no hacerlo.

El Dr. Caldera se lanzó a competir la presidencia contra el doctor Jaime Lusinchi. Adolfo Herrera tenía un programa de TV. Entrevistó en el Canal 8 -era de los venezolanos- a los candidatos a la Presidencia. Invitó a un grupo de periodistas -y yo estaba-. Sospechábamos que Lusinchi ganaba por las encuestas. Al entrevistar al Dr. Caldera, busqué preguntarle: “¿Cómo se siente si pierde?”. Y si él perdía, ¿cuál sería su conducta? Entrevistar a una personalidad como la de él, enfrentar a un político de su talla, no fue fácil. Se me ocurrió, conociendo que le gustaba el dominó, hablarle del juego. Eso le gustó, sintió que salíamos del tema político. No era así. Al hablar de la competencia, enseguida le repregunté: “Y cuando pierde las elecciones, ¿lo acepta? ¿Cómo se siente?”. Dio una lección en el momento. “Se compite -me dijo- para ganar o perder. Si se gana, no debe uno sentirse perfecto. Si se pierde, hay que analizar las razones para que esto haya ocurrido”. Perdió. Más tarde regresó al poder. Era sólido. Estaba más allá de los cargos. Era Rafael Caldera.

No importa que no fuera el presidente, ni siguiera en ninguno de los cargos importantes que tuvo, algunos internacionales, no menoscabaron su personalidad. Esta gente no. No son nadie. Lo mejor, ellos lo saben, de allí su miedo.

Gloria Cuenca.

@editorialgloria

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