Del viaje. Por Beatriz Pineda Sansone.

nov 09, 2016 19 comentarios por

Todos los hombres viajan y, al hacerlo, experimentan un desplazamiento exterior e interior. El viaje no siempre denota desplazamiento físico, en ocasiones, se trata, solo, de una silenciosa aprensión, de una excesiva capacidad de compenetración con cualquier mundo desconocido, bien sea real o imaginario.

La historia de la literatura está llena de viajes que podrían servir de modelo a ambos desplazamientos. Citaré, en primer lugar, el viaje realizado por Noé, el primer hombre real de la historia judía, a bordo de su arca, con motivo del Diluvio, descrito en el capítulo 6 del Génesis; el de Ulises en la Odisea, el cual duró veinte años; los viajes emprendidos por Cristóbal Colón en el siglo XV; el ejecutado por Alejandro de Humboldt en 1799, siguiendo las huellas de Colón, para descubrir e investigar las tierras del otro lado del Océano; el viaje efectuado por el profesor Aronnax y su criado a bordo del Nautilus, descrito por Julio Verne; hasta los viajes más recientes, cumplidos en pleno siglo XX, por Hermann Hesse y Henry Michaux por los países del Oriente.

Este hombre que se desplaza en el tiempo y en el espacio hacia otros puntos de la geografía, descubre que el pasado deja su huella en los pueblos y que las circunstancias cambian al hombre, hasta el punto de barrer costumbres y maneras de ser y de sentir

El viaje equivale a la búsqueda de la sabiduría, y la felicidad depende de la sabiduría, dice Salomón en el Eclesiastes. El viajero, en ocasiones, es un marino, un navegante, un buscador de tesoros. La partida, dicen algunos, se comparte; es un secreto que nos coloca a salvo de la mediocridad y nos ayuda a superar los pequeños fracasos.

Uno de los viajes más fascinantes de mi vida lo realicé, hace dos años, a bordo de la Trinidad, en la mañana del 20 de septiembre de 1519, en medio de doscientos cincuenta hombres contagiados de locura. Aquel era un viaje a lo desconocido, al misterio; la gente no sabía cuál era el destino de aquella embarcación, en la cual se alistaron hombres de distinta condición, seducidos por un pregón que hablaba de oro y especias, aun cuando no se mencionaba la duración de la aventura.

En aquella nave, olorosa a bosque y construida con más de mil esbeltos robles, los rumores se adueñaban de las mentes y de las bocas, como se adueña una peste de los miembros de los marineros. El tema giraba, en ocasiones, sobre Ruy Faleiro, quien tenía fama de astrólogo; se hablaba de la zona perusta, donde jamás llueve, y las aguas hierven por el exceso de calor; se hablaba de los monstruos marinos que surgen entre las aguas. De hombres con un solo ojo en la frente. También, de mujeres con cuerpo de reptil. Pero entre todas las historias, la de los pechos de la madre de Francisco, nos puede ilustrar sobre la enorme capacidad de invención del hombre español.

Todos llegaron a sentir una sensación de pérdida. Mares y tierras desiertas surcaban nuestros ojos deslumbrados, mientras la incertidumbre se apoderaba, cada día más, de aquellos hombres sedientos de horizonte, y entonces, era Juanillo quien se esforzaba por mantener la cordura con sus canciones, bromas y trucos.

Pasé inadvertida entre aquella horda de hombres ebrios de libertad y de oro. A nadie conocía, salvo a Juanillo,  a quien escuchaba hablar a solas con los arbustos, con las ondas del mar, con el viento, con los delfines. Pude palpar, no sin asombro, las innumerables angustias y penas de este hombre. Juanillo, como todos los judíos, había sido expulsado de la Península por los Reyes Católicos, Fernando e Isabel. Este decreto de expulsión les ofrecía la posibilidad de elegir entre convertirse o marcharse el 31 de julio de 1492. Por enésima vez, en el siglo XV, que se abrió hacia el Nuevo Mundo como un rayo, los hijos de Israel perseguidos en España y Portugal que aceptaron la conversión forzada optaron por el exilio. Aquellos conversos, entre los cuales se encontraba Juanillo Ponce, llamados cristianos nuevos o marranos, optaron por embarcarse en una de las naves para iniciar ese loco viaje alrededor del mundo.

Juanillo era un vidente, un poeta, como olvidar su amplia mirada, brillante como las rosa del este. Juanillo repetía, sin cesar, a lo largo del viaje: somos seres en movimiento, en vértigo, o como diría nuestro Octavio Paz, signos en rotación. Cómo si nuestra misión no fuera más que ésa y nuestro destino no fuera otro que el de partir.

No hablo de un viaje cualquiera, hablo de una salida, un destierro forzoso que gesta la metamorfosis del hombre que navega para trascender. Se trata de un exilio peligroso, en el cual muchos naufragan, enloquecen… Esta salida forzosa, este destierro que sufre el judío, y cuyo paradigma es Juanillo, es la causa de la pérdida de identidad, y de la pérdida del orden.

Fui testigo, en múltiples ocasiones, de ese rodar de Juanillo, como rollo de pergamino, hacia adentro y hacia afuera. Hacia un interior que constituía, no sólo, su identidad, también, la certeza de que toda revelación se descubre a sí misma a medida que nos aproximamos a su centro.

La Inquisición lo sometió a tortura por andar diciendo la verdad sobre las privaciones y los prodigios, el gran dolor y el hambre que sufrieron en aquel viaje, y que los cronistas del rey Carlos V, habían falseado para mayor gloria de Su Alteza. Como consecuencia arrojaron a Juanillo a un calabozo y lo privaron de agua por tres días. Continuaron los interrogatorios seguidos del calabozo, hasta que le dijeron que si firmaba una declaración quedaría en libertad. Juanillo apenas podía hablar, era mucha su debilidad; firmó sin leer, y de esta manera, el mismo se excluyó de las listas y de las crónicas, donde constaba que había prestado servicios en la expedición al Maluco.  Al no figurar en las listas no podía cobrar su pensión, por ello dirige  a don Carlos la crónica, que hoy conocemos como Maluco, la novela de los descubridores.

Esta historia personal revelada por Juanillo en Maluco, también constituye la mirada, la cosmovisión del judío. Todo gira alrededor de los valores y de la tradición de su pueblo.

Para el hombre de la modernidad sólo existimos en la medida que proporcionamos el relato puntual de nuestra vida, fragmento temporal de nosotros mismos. El viaje o recorrido de todo un pueblo en la persona de Juanillo, está reiterando, recordando, actualizando la identidad que nombra. Su racionalidad acontece en el momento en que es actuado, referido.

Podríamos decir con certeza, como afirmó Nietzche, que ese viaje en busca de la salvación es también el viaje que a través del arte, realiza el hombre para no morir,  a causa de la verdad.

Beatriz Pineda Sansone.

Firmas

19 respuestas to “Del viaje. Por Beatriz Pineda Sansone.”

  1. Nelly Romero says:

    Estoy de acuerdo, viajamos muchas veces con nuestra imaginación y nuestros sueños, a mundos desconocidos, que muchas veces al final se logran, porque aunque los sueños, sueños son, pero si se logra alcanzar en algún momento de nuestras vidas, la trascendencia de nuestros sueños. Excelente articulo

  2. Nelly Romero says:

    Excelente articulo

  3. Beatruz Pineda Sansone says:

    Nelly gracias por tu lectura. y comentario Sí, en efecto, viajamos con nuestros sueños, porque ellos son proyectos que imaginamos y asumimos.

  4. Linda Yanez says:

    Excelente Beatriz
    Vivimos en un sueño constante, donde nuestras historias se repiten en nuestra mente y no nos dejan viajar, viajar en nuestro presente q no es más q vivir en busca de nuestra PAZ equilibrio para nuestra alma y nuestro cuerpo
    Abrazos

  5. Beatruz Pineda Sansone says:

    Linda, gracias por tu lectura y comentario.

  6. Regie Ann Aparri says:

    excellent article..nice job mrs. beatriz

    • Beatruz Pineda Sansone says:

      Dear Regie, thanks for your comments. I will never forget you. You en Binod are angels working in Al Jahra Copthorne Hotel.

      Beatriz

  7. Binod Thapa magar says:

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    • Beatruz Pineda Sansone says:

      Dear Binod, you have been reading mi article with so much passion. I really appreciate it. Thanks you for your comments. As I said before, I will never forget you as an special person from India.

      Beatriz

  8. Mohamed Samy says:

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  9. Violeta homez says:

    Bea, excelente, nada mejor que viajar, conocer, nos trae renovacion, conocimientos amplios, pero para viajes los de Ustedes! Exito y Gracias por compartilo!

  10. Beatruz Pineda Sansone says:

    Querida Violeta: me encanta compartir con viajeros esta maravillosa experiencia. Te invito a seguirme los domingos. Un abrazo lleno de ilusiones y optimismo.

    Beatriz

  11. Rajshree Sesodia says:

    Nice article..hope to read more article from you

  12. Beatruz Pineda Sansone says:

    Rajshree, thank you for your reading. I will publish on sundays every two weeks.

  13. Marisol P says:

    Muy interesante como siempre tus lecturas Tia Bea. Como bien lo sugieres no sólo se viaje por cielo, mar y tierra, también se viaja con la imaginación cuando se va más allá de las páginas de un libro, o como en este caso a través de una buena articulo. Líneas enriquecidas para dar alimento al alma!
    Muchos éxitos!
    Marisol y Mitch ❤️

  14. Beatriz Pineda Sansone says:

    Queridos Marisol y Mitch, hermoso comentario que llega hondo, aún a través de la enorme distancia que nos separa. Los bendigo con todo mi ser. Tía Beatriz

  15. Fanny Ramírez says:

    Los viajes imaginarios deJonathan Swift, nos muestran que la vida transcurre más en la virtualidad de la mente (imagen), que en la relidad de lo experiencial (identidad), pero ambas dimensiones de nuestra vida, tan necesarias, urgentes e indivisibles nos permiten alcanzar la sabiduria y redimir nuestros más grandes temores! El viaje del poscrito del exiliado o del que hulle lleva consigo castigo y esperanza, pero el viaje del aventurero lleva exitación y anhelo. También como el viaje de la vida, el de la muerte es un comenzar a vivir!
    Felicitaciones por atreverte amiga Beatriz, usted es una viejera incansable de los mil mares!

  16. Beatriz Pineda Sansone says:

    Gracias Fanny por dejarnos tan sabias reflexiones. Un abrazo grande.

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