FIDEL CASTRO RUTH. Por Ángel Nazco García.

dic 05, 2016 Sin comentarios por

Fidel Castro Ruth, finalmente, ha muerto. Sin embargo, el eco que este suceso ha causado a nivel mundial, el inmediato pronunciamiento de los jefes de estado, las manifestaciones de tristeza de unos o alegría de otros grupos sociales, el sepelio que se celebra con la asistencia de las primeras autoridades de muchas naciones del mundo, todo ello denota la importancia de su existencia y de su trascendencia en la historia.

Podríamos escribir miles de páginas sobre su vida y sus luchas. Ciertamente, su historia socio-política se inicia al derrocar la dictadura de Fulgencio Batista en 1959, quien tenía a Cuba como una tierra prometida para fructíferas inversiones extranjeras, una isla que era como un gran  casino, con mujeres bellas y prostituidas, para la diversión de los americanos. Dignificar al pueblo cubano, educarlo y proporcionarle  otras medidas de orden social, así como aumentar la productividad de su suelo, se imponían como las primeras prioridades para el Gobierno Revolucionario que lideraba Fidel. Sin embargo, quitarle un dulce de la boca a EEUU delante de sus narices, una potencia que para mediados del siglo pasado y en lo que restó del mismo controlaba a Latinoamérica con sentido de colonización, no iba a ser nada fácil, y no lo fue. EEUU no quería un enclave comunista en su propio patio. Se podía olfatear la amenaza que se cernía por lo que la organización de la defensa se imponía como necesaria para la isla caribeña. La invasión de Bahía de Cochinos, por un ejército de disidentes cubanos entrenados por la CIA, sería la primera evidencia de la intención de Kennedy de acabar con el gobierno de Castro. Esta invasión sería rechazada por el pueblo cubano y su ejército derrotado. No había más remedio, o te protegías con una potencia o con otra, por lo que Fidel se plegó como fiel aliado de la Unión Soviética. Las cosas iban bien, recibía insumos de los países de la Unión Soviética, y les exportaba su producción de azúcar y tabaco, entre otros renglones. La amenaza potencial de una próxima invasión fue descubierta por los espías rusos, lo cual convenció al gobierno cubano para permitir la  instalación de misiles nucleares rusos en la isla caribeña. Se desencadenó lo que se conoció como la Crisis de los Misiles (octubre de 1962) enmarcado dentro del proceso de la Guerra Fría. Nunca antes había estado el mundo tan cerca de una guerra nuclear. Se imponía el uso de la razón, por lo que el presidente J.F. Kennedy resolvió con su homólogo ruso Nikita Kruschev, retirar los misiles de Cuba y cesar en su apoyo a la isla, a cambio de que Estados Unidos retirara los misiles emplazados en Turquía, una amenaza nuclear para Rusia. La Guerra Fría avanzaba así hacia una solución que pretendía ser definitiva. Cuba quedó desprotegida delante del gigante americano. En febrero de 1962, Kennedy endurece el bloqueo económico a Cuba, ya iniciado en octubre de 1960, “obligando” a todos sus aliados europeos y americanos, y de otras latitudes,  a plegarse al mismo. Cuba se hundiría en la miseria, EEUU quería demostrar al mundo como se vivía en el sistema comunista. A la postre, el bloqueo  duraría unos 50 años, hasta que el presidente Obama decidiera en el 2014 terminar con dicha medida, considerando que la misma como fracasada, y carente  de sentido, tanto para EEUU como para Cuba.

En mi opinión, al perder la protección de la Unión Soviética, obligada por el acuerdo necesario para terminar con la Crisis de los Misiles, e iniciarse el bloqueo económico completo de la nación cubana a partir de 1962, se inicia un período muy oscuro y una etapa gris en la historia personal de Fidel Castro. Hasta este momento, no se doblegó ante un gobierno imperialista que siempre tuvo sometido y explotado a Latinoamérica y otros países de la geografía internacional. Fidel no dejaba de ser el adalid para la juventud latinoamericana y las organizaciones de izquierda del resto del mundo. Sus prolongados discursos abundaban en razonamientos sociopolíticos y filosóficos que influenciaban a millones de personas en los países en desarrollo, y más allá.

Creo que a partir de 1962 se inicia una lucha estéril al obligar al pueblo cubano a subsistir con medios propios, poco más que con los productos de las huertas, animales de corral y la pesca. El bloqueo económico llevaba como añadido el robo de la libertad de un pueblo. Así se puede vivir un mes, o un año. Su pretensión de mantener una posición política sin hacer genuflexión a EEUU, puede considerarse muy digna, pero muy cara para la calidad de vida de los cubanos que, además de vivir en condiciones socioeconómicas muy precarias, se le exigía también la privación añadida de la libertad por parte del régimen militar. Esta parte de la Revolución Cubana, a mi manera de ver, ha sido un gran error. Nadie tiene derecho a privar de la libertad y someter a penurias a un pueblo durante varias generaciones. Debió pactar, negociar soluciones políticas, ceder a una apertura aun manteniendo su condición socialista, en fin, buscar que le suspendieran  el bloqueo y permitir que su pueblo disfrutara de libertad y de una mejor calidad de vida. Una buena forma de hacer revolución es procurando un gobierno que proporcione la mayor felicidad a su pueblo.

Ha muerto Fidel Castro Ruth, un líder que ha sido responsable de defender la dignidad del pueblo cubano, y, con su ejemplo, a todos los pueblos oprimidos de América Latina y del mundo, ante los abusos de EEUU, país que representaba el capitalismo colonialista a mediados del siglo pasado, y más allá. Ese tiempo tiene su justificación, y su lucha y pensamiento político  le enaltecieron en ese entonces; pero también ha sido responsable de una dictadura sin sentido que se prolongó por más de 50 años.

Hay que poner en la balanza lo bueno y lo malo de Fidel: por lo bueno y por lo malo, será juzgado en el contexto del proceso que se registrará en los anales de la historia.

Lord Acton (1834-1902), historiador y político inglés: “El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

Ángel Nazco García.

Ángel Nazco García, Firmas
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