Un rival para Capriles. Por Antonio Sánchez García.

ene 02, 2017 Sin comentarios por

“Los proyectos políticos individuales y la venalidad de algunos políticos importantes son la causa de esta parálisis que puede determinar la permanencia de uno de los regímenes más primitivos del planeta, este que por ahora el señor Maduro conduce conforme a un plano diseñado en La Habana”. A tres años de distancia, a esta afirmación de Rafael Poleo no le cambio una coma.

La edición de la revista Zeta de la semana del 13 al 19 de diciembre de 2013, que me encuentro esta mañana por azar ordenando algunos cajones de libros y documentos sobre el período, traía un exhaustivo y muy enjundioso balance del recién celebrado proceso electoral, poniendo el acento en la emergencia del cuarto bate en la contienda, Leopoldo López, considerado por el editor suficientemente relevante como para dedicarle su portada y subtitularla Leopoldo López/Voluntad Popular Un rival para Capriles.

Posiblemente el perspicaz Rafael Poleo miraba hacia terra incógnita asomando el nombre que en pocos días asumiría el liderazgo de la oposición venezolana y trazaría una ruptura profunda, definitiva e irreversible sobre el terreno de la lucha contra la dictadura. Pues después del 18 de febrero de 2014 en Venezuela nada sería como antes. La dictadura se desataría con todos sus demonios, el gobierno caería en una vorágine de desprestigio y repulsa mundial que no ha amainado, el régimen se vería acorralado a extremos del desalojo, el terreno terminaría cubierto de cadáveres y la oposición terminaría irreparablemente dividida en dos campos de difícil, si no imposible, reconciliación. Venezuela se hizo otra.

La protagónica entrada de Leopoldo López al campo de batalla torció todos los esquemas y desbarató, hasta el día de hoy, todos los proyectos. Sacando de sus casillas y despertando el rechazo entre los líderes de los tres partidos anclas del organismo: AD, PJ, UNT, más el refuerzo de los larenses de Henri Falcón. Suficiente y debidamente respaldados por el ingente aparato comunicacional de dichos partidos, detentores de la hegemonía cultural e ideológica de la entente PSUV-MUD que controla medios, mentes e ideas en el reino fantástico de la satrapía. Pues, en rigor, no se explica lo acontecido en estos tres años, si no se sitúa al líder de Voluntad Popular en el centro del acontecer político. Que terminó dominando a pesar de estar encarcelado y prácticamente incomunicado desde entonces. Sin considerar las sevicias, humillaciones y chicanas que han debido sufrir él y sus familiares, todo ello sin contar con una gota de respaldo, simpatía o solidaridad de parte de la oposición oficial.

No se exagera si afirmamos que desde esa insurgencia, todas las fuerzas políticas del establecimiento opositor oficialista –tolerado, acordado y comprometido con la estabilidad del régimen dictatorial de Nicolás Maduro– han dirigido sus dardos contra el hijo de Antonieta López y Leopoldo López Gil, esposo de Lilian Tintori y padre de sus dos hijos. Sin consideración al hecho de que Venezuela hubiera sido otra, otro el comportamiento de su dictadura y una disposición muy distinta la mostrada por el pueblo opositor frente al proceso electoral del 6-D si se hubiera impuesto la decisión asumida unánimemente por los partidos de la MUD, cabeza gacha y rumiando despechos, después del relativo fracaso de la contienda electoral con que se saldaran las municipales del 8-D. El llamado, voceado al unísono por Henry Ramos, Julio Borges, Henri Falcón y la gente de Manuel Rosales fue despachar a todo el mundo a sus casas y pasar agachados hasta el próximo y todos los próximos procesos electorales, teniendo en vista la meta suprema de las elecciones presidenciales de 2018. Última ratio de todos los afanes de la oposición oficial. Se había dado por hecho que la dictadura se había reafirmado y más valía no menealle. Ni con el pétalo de una rosa. Sin la revolución de febrero, la conmoción mundial y la indignación popular que empujara a las elecciones parlamentarias del 6-D, la victoria no hubiera tenido la amplitud y profundidad que alcanzara. Para nada. Pues el régimen, después de recuperarse de la conmoción que le supuso comprobar que se encontraba en absoluta minoría, supo pasársela por sus partes pudendas. Y punto. Dictatura habemus. Ante lo cual se reafirmó lo sostenido desde siempre por las mentes más lúcidas de la oposición venezolana, a lo que han respondido las acciones de Leopoldo López y Voluntad Popular: el problema del poder se resuelve a otras instancias más profundas de la lucha amigo-enemigo que al nivel de las urnas.

¿Cómo calificaba Rafael Poleo en ese número 1932 de la revista Zeta a las dirigencias de la MUD? “En Venezuela pueden faltar los alimentos básicos y el papel toalé, pero abundan los proyectos políticos. Cada político o politicastro tiene el suyo, al cual concede prioridad sobre el interés nacional. Las interpretaciones aplicadas a las elecciones municipales del 8-D están envilecidas por esta hiperabundancia de mediocridades infladas y esa escasez de conocimiento y nobleza”. ¿Qué esperaba Poleo del futuro inmediato? Nada: “De lo anterior pudiera deducirse que estamos frente a un cambio político. Pues sí estamos. Pero podemos quedarnos parados frente a él como frente a una enorme puerta blindada cuya combinación no conocemos. Los proyectos políticos individuales y la venalidad de algunos políticos importantes son la causa de esta parálisis que puede determinar la permanencia de uno de los regímenes más primitivos del planeta, este que por ahora el señor Maduro conduce conforme a un plano diseñado en La Habana”. A tres años de distancia, no le cambio una coma.

Tres años después corren las informaciones y denuncias por la red que vienen a dar en el mismo vertedero: nadie parece dispuesto a descerrajar el portón blindado del poder. Un acuerdo de trastiendas en el que imagino involucrados a Barack Obama, Jorge Bergoglio y Raúl Castro, aceptados como palabras santas por los capitostes de lo que en un lejano pasado fuera la Mesa de la Unidad Democrática –mueble hoy tan desvencijado como el descolado mueble viejo del tango de Gardel– le dará largas a esta carnicería por lo menos hasta las próximas elecciones presidenciales. Si es que ellas tienen lugar o no son, como el revocatorio, directamente pasadas a la morgue de la tiranía cubana.

Me queda una duda y una incomprensión de hondo calado: ¿por qué razones Voluntad Popular, Vente Venezuela y Alianza Bravo Pueblo, acompañados por los restantes partidos de la Unidad, han titubeado en sentar tienda aparte y asumir con coraje y decisión la lucha final contra la dictadura? ¿Mantienen alguna esperanza en los líderes que han disfrutado en silencio de la obligada parálisis de Leopoldo López, Antonio Ledezma y el acorralamiento de María Corina Machado? ¿Qué absurda esperanza los sostiene? ¿O es que, con sus líderes presos al frente, también ellos siguen esperando a Godot?

Antonio Sánchez García.

@Sangarccs

http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/rival-para-capriles_73337

Antonio Sánchez, Firmas
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