Maduro y Francisco: Cipayos y mediadores. Por Antonio Sánchez García.

feb 06, 2017 Sin comentarios por

A ningún cristiano le ha de agradar verse confrontado con afirmaciones sostenidas por su máximo líder espiritual absolutamente inaceptables. Dichas con la mayor liviandad. Como si se tratase de un dirigente político a la caza de popularidad y no de un líder espiritual que debe orientar, en un mundo confundido, desorientado y a la deriva,  sobre el respeto a los valores éticos y morales de la Iglesia. El máximo representante de Dios sobre la tierra. El vicario.

​Es lo que he experimentado al leer la entrevista que el domingo 22 de enero pasado le concediera al periódico español EL PAÍS Su Santidad Francisco I, a quien ya no se si llamar simplemente Jorge Bergoglio por su insistencia en negarse a asumir la majestad que le corresponde al único cargo que sobrevive tras dos milenios de cultura y civilización occidentales y mantenerse en la más irrestricta lejanía de los suburbios políticos. En los que irrumpe con un desenfado y una intemperancia absolutamente ajenas a la tradición que dejara sentadas su gran predecesor, el inolvidable Juan Pablo II.

​Hay una palabra que por comprometedora parece desterrada de la conciencia y del actual discurso papal, siendo sin ninguna duda la palabra clave con que Juan Pablo II comprendía las tribulaciones de su pueblo y su tiempo: la palabra libertad. Él, que se criara bajo la férula del comunismo soviético. No está desterrada, sin embargo, la palabra liberalismo, absolutamente desvirtuada pues encierra, en el contexto en que la comprende y emplea Su Santidad una total incomprensión del papel jugado por el liberalismo en el desarrollo de la modernidad, la ampliación y fortalecimiento de los más sagrados derechos humanos, el establecimiento de la democracia liberal como sistema de igualdades y derechos bajo la protección del Estado del bienestar y la estabilización de la paz, la prosperidad y el progreso en el mundo. Un sistema de libertades que logró derrotar y vencer a las dos siniestras formas de totalitarismo que lo antagonizaran: el socialismo soviético con su Archipiélago Gulag y el nazismo hitleriano con sus campos de exterminio y el Holocausto.

​Fue la primera sorpresa que me llevé al leer la entrevista de marras, en la que sin que viniera a cuento Bergoglio insistió en reafirmar sus prejuicios antiliberales y atentar flagrantemente contra la verdad al sostener que “el liberalismo mata”.  La adjetivación – que se trate de un liberalismo “duro” – es baladí: se refería sin ninguna duda a las formas de liberalismo intentadas en los últimos años en América Latina. Las que elevaron dramáticamente el nivel de vida de los chilenos, rebajando la pobreza extrema de un 45% a poco más de un 12% y situaron al país a la cabeza del desarrollo económico y social de América Latina. Se refería sin duda a los reajustes económicos implementados en Brasil por Fernando Henrique Cardoso, que respetando la propiedad privada – principio equinoccial del liberalismo económico – logró sacudir la ya afectada economía brasileña. Desde luego habrá tenido en mente los intentos liberalizadores de Carlos Andrés Pérez, que llevaron a Venezuela a reducir las tasas de desempleo a un tolerable 6% y a alcanzar una tasa de crecimiento interanual del 10% del PIB. Provocando, gracias a sus intentos por echar abajo los infames mecanismos proteccionistas del mercantilismo empresarial – que de liberal no tenía ni tiene absolutamente nada – el odio y el rechazo más reaccionario, populista, estatista y tradicional. Y fuera enfrentado por las élites conservadoras, preconciliares y populistas, finalmente, con un golpe de estado de clara inspiración castrista, que le abrió los portones de la Nación a la infamia castrocomunista y militarista que nos agobia. Culminando en el golpe político y judicial de su defenestramiento. Y la crisis humanitaria que Su Santidad parece ignorar.

​Y obviamente se refiere a los ideales liberales de Sebastián Piñera, cuyo gobierno ha sido incomparablemente superior al de la socialista Michelle Bachelet, que se está saldando con una dramática crisis económica y social. Y sin duda al de su compatriota Mauricio Macri, que le despierta una odiosidad en absoluto cónsona con la actitud y comportamientos que debían regir al padre espiritual del cristianismo. Aparentemente conmovido ante los presidentes de Ecuador y Bolivia, así como ante su inspirador, el peor tirano que haya conocido el continente en toda su historia, Fidel Castro. Obviamente también al gobierno del presidente peruano Pedro Pablo Kuczynski, que llegó al poder impulsado por el rechazo del pueblo peruano a las políticas populistas, estatistas y socializantes de Ollanta Humala y sobre todo del de su predecesor Alan García.

¿Quiere esto decir que el peligro de nuestra región no está en quienes, como Hugo Chávez y Nicolás Maduro han provocado la más espantosa crisis de nuestra historia? ¿O en la economía de la devastación y el desastre implementadas por los hermanos Castro, arruinando la que fuera una próspera sociedad movida por los más elementales principios de una sana economía? ¿O es que directamente prefiere la política económica, corrupta y mafiosa de los Kirchner o la de Lula da Silva y Dilma Rousseff, coronadas por el más espeluznante caso de corrupción administrativa conocida en el Brasil?

Después de este medio siglo de experiencias devastadoras en América Latina bajo el influjo del castrocomunismo, ¿no será más bien el socialismo duro el que mata, como lo han corroborado durante un siglo entero los experimentos iniciados un día de Octubre de 1917 en la Rusia de los zares? ¿Y de los que China se salvara cuando viró dramáticamente, ya al borde de la hecatombe a la que la arrastrara la delirante revolución cultural, hacia una economía de estado abierta a los principios liberales de la economía de mercado?

¿Tenemos que aceptar el hecho de ser orientados y dirigidos espiritual, religiosamente por un papa que, rompiendo todos los moldes, pareciera ser  un socialista duro? ¿Por no decir proclive a congeniar con las dictaduras y tiranías marxistas cómo las de Cuba y Venezuela? ¿No constituye ese hecho un profundo y trascendental viraje en la historia del catolicismo?

El segundo punto que me ha parecido inaceptable, en particular porque toca un tema extremadamente delicado para nosotros, los venezolanos, se refiere a la extraña conceptualización de la mediación diplomática manifestada por SS en la entrevista a que hacemos referencia. Su propuesta luce ecuánime y salomónica, tratándose de conflictos entre partes de iguales derechos, iguales sufrimientos, iguales reivindicaciones e iguales expectativas. Dice el papa “hay un principio, que para mí es claro, que es el que tiene que regir en toda la acción pastoral pero también en la diplomacia vaticana:  mediadores, no intermediarios… Mediador es aquel que se pone al servicio de las partes y hace que ganen las partes aunque él pierda. La diplomacia vaticana tiene que ser mediadora, no intermediaria. Mediadores y no intermediarios. Hacedores de puente.”

¿Con cuántos asesinados por la oposición cuenta el régimen de Nicolás Maduro? ¿Cuáles de sus ministros, generales y funcionarios están encarcelados, quienes de ellos pasan hambre, carecen de medicamentos y hurgan en los basurales para tener con qué alimentarse como para igualarlas en la balanza de la justicia vaticana? ¿Cuál de ellos carece de vehículos blindados y guardaespaldas fuertemente armados para sortear la terrorífica inseguridad ciudadana de su gobierno? ¿De qué partes que deben ser intermediadas para que ambas ganen habla Bergoglio? ¿De la de Nicolás Maduro, sátrapa de Raúl Castro, que detenta la totalidad del Poder, incluidas una fuerzas armadas que proceden absolutamente a redropelo de lo que dictan sus imperativos constitucionales y un espurio TSJ convertido en instrumento de la persecución política del régimen? ¿O de la de Leopoldo López, Antonio Ledezma y los más de cien presos políticos que padecen el latrocinio carcelario del régimen, condenados sin el más mínimo respeto al derecho y a la justicia?

Se entiende en abstracto su concepto de construir puentes cuando se trata de dos partes simétricas en propósitos, hombres y armas enfrentadas en un conflicto bélico. ¿Pero cuál es la naturaleza del conflicto que vive Venezuela? Teniendo a su vera al prepósito de la Compañía de Jesús, venezolano, y contando con dos cardenales extraordinariamente informados y objetivos, ¿aún no se entera de que el pueblo oprimido, perseguido y torturado por la dictadura castrocomunista que nos agobia no necesita de ningún puente mediatífico – salvo aquellos de concreto que se están cayendo por la infinita desidia e incompetencia dictatorial – y lo único a que aspira es a que se le respete en sus derechos constitucionales y ciudadanos? ¿Por ejemplo: a celebrar un referéndum revocatorio en los lapsos estatuidos en la Constitución y proceder a realizar las elecciones allí pautadas? ¿Están sus intermediadores dispuestos a exigir el respeto y la obediencia a tales derechos? ¿Cómo no lo estuvieran en el pasado diálogo, concluido en el más absoluto fracaso para los demócratas, pero con la ganancia indiscutible para la dictadura del quiebre del espinazo masivo y popular de las fuerzas progresistas y democráticas venezolanas?

Me basta con el ejemplo del procurador romano PoncioPilatos, que a la hora de intermediar entre judíos y cristianos lo hizo lavándose las manos ante una pila. ¿Ese es el concepto de justicia que posee Francisco I? ¿Qué crucificados y crucificadores se den sus manos y ambos salgan ganando? ¿Esa es la justicia que nos propone el Vaticano?

¡Cómo no entender el portazo en las narices que le ha dado la oposición venezolana a los cipayos de la Internacional socialista y al cipayo de la tiranía cubana, Nicolás Maduro! Uso el término Cipayo, que a él tanto le gusta, empleado en el mejor estilo del antiimperialismo yanqui de nuestro pasado, para pedirle respetuosamente que no intermedie entre nuestro pueblo y los cipayos al servicio de la tiranía cubana, que hiere con ello sus propias creencias y credenciales. Por fortuna nuestra iglesia no se está lavando las manos. Ha asumido la única tarea que nos compete: luchar como patriotas contra los cipayos que nos oprimen, alzándose por la liberación de Venezuela.

Antonio Sánchez García.

 @Sangarccs

http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/maduro-francisco-cipayos-mediadores_79289

Antonio Sánchez, Firmas
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