La Ilustración (parte I). Por Ángel Nazco García.

feb 13, 2017 Sin comentarios por

     La Ilustración es el nombre que recibe una época de la historia que corresponde a un movimiento que se desarrolló, prácticamente,  en todas las áreas sociales que ocupa la vida del ser humano. No se trata de una etapa o época cultural según parece desprenderse del afán catalogador de los botánicos, es una actitud, un estilo y, en definitiva, un concepto, que permite el desarrollo de una idea, a partir de una posición racional y crítica.  Este proceso ocurrió desde finales del siglo XVII hasta la Revolución francesa, aunque la misma se prolongaría en algunos países hasta los inicios del siglo XIX. Se trató de rescatar de las tinieblas, de la oscuridad, y basado en las luces de la razón, el conocimiento que atesoraba la humanidad hasta entonces: ciencia, pintura, música, arquitectura, literatura y otras áreas. De acuerdo con uno de sus principales representantes, D`Alembert, la Ilustración “lo discutió, analizó y agitó todo, desde las ciencias profanas a los fundamentos de la revelación, desde la metafísica a las materias del gusto, desde la música hasta la moral, desde las disputas escolásticas de los teólogos hasta los objetos del comercio, desde los derechos de los príncipes a los de los pueblos, desde la ley natural hasta las leyes arbitrarias de las naciones, en una palabra, desde las cuestiones que más nos atañen a las que nos interesan más débilmente”. Es el tiempo de la filosofía. A la luz de la razón, los pensadores de esta importante época de la historia, tratarán de iluminar el pensamiento de lo que fue su ayer, su hoy, y su mañana. El siglo XVIII es conocido, dado lo mencionado, como el Siglo de las Luces. Es así, con el uso de la razón, que el ser humano intenta salir de la pobreza mental en la cual se encontraba, y de la que él mismo es culpable. Es una corriente del pensamiento que emerge sobre la base de la confianza en la razón, que conduce al progreso y a la libertad, y que, inexorablemente, mejorará las condiciones de bienestar del ser humano y lo rescatará de la ignorancia y superstición en la cual yacía, en lo que parecía ser un eterno letargo. Surge así la conocida divisa de la Ilustración: ¡Ten el valor de servirte de tu propio entendimiento!

     La moral de la Ilustración, producto del intercambio de argumentos racionales, tiene características humanas universales. Esta moral no deriva de un amor particular y egoísta, sino del respeto a la humanidad.

     Durante el siglo XVIII se producen importantes transformaciones que afectan a todo los órdenes de la sociedad. En el plano económico, la relación de Europa con sus colonias en diferentes naciones, aunque sumidas aún  en el oscurantismo que significaba la actividad comercial con la esclavitud y la usurpación de bienes no renovables de la minería como el oro y la plata; el desarrollo de nuevas técnicas en la agricultura con introducción de nuevos productos, entre ellos el maíz;  el mercado se vería inundado con metales preciosos y capitales que activarían la economía.

     Inglaterra tomaría la ventaja al ubicarse de primero en el intercambio comercial, haciendo de ésta una actividad bidireccional con las colonias de América y de otras partes del mundo. El flujo de capitales estimuló el desarrollo de la banca y de la actividad crediticia, la cual ayudó en el impulso de la economía, a pesar de los momentos de crisis que tuvieron que confrontar y superar. Todo ello empujó el desarrollo industrial, sobre todo en la actividad textil con productos como el algodón, permitiendo que Inglaterra continuara conduciendo el desarrollo de la economía, invadiendo el mercado europeo e internacional con sus productos textiles. Se produjo un cambio en la actividad económica impensable hasta ese momento, haciendo del siglo XVIII la luz de la razón que marcaría los caminos del cambio y del progreso.

     El arte también se beneficia de la Ilustración. Surge el neoclasicismo como reacción contra el barroco imperante. El ideal estético se impone apoyado en el carácter racional y científico. Los criterios de belleza considerarán  la proporción y armonía, adoptando como modelo el arte griego. Estos cambios del siglo de la Luz se utilizarían como instrumento  educativo, se crearon las academias, museos y se organizaron salones de exposiciones. La formación clásica y la difusión del nuevo estilo serían los nuevos senderos del arte.

     La literatura del siglo XVIII sería de un estilo sencillo y claro, predominando el ensayo como género literario, que permitía una mejor exposición de ideas, pensamientos y críticas. La comunicación epistolar también fue muy utilizada por varios escritores de la Ilustración. La poesía muestra una temática sobre la amistad y la solidaridad en la búsqueda de la felicidad y el bien común,  cumpliendo una función didáctica y crítica de las costumbres.

     Se generalizó la costumbre de reunirse en salones donde se organizaban tertulias, sitios de encuentro de la nobleza y la burguesía, frecuentado por científicos, políticos, pensadores, escritores, artistas y otros personajes, donde se discutían temas de diferente índole, se escuchaban lecturas literarias, interpretaciones musicales y otras actividades culturales. El acceso a la cultura a través de las tertulias no era algo en lo que podíamos decir que cabían todos, el pueblo llano estaba excluido y carente de la formación educativa que fluía a través de esta singular manifestación social.

      Todas las áreas de acción social, basado en la razón, apoyado en los adelantos científicos en la agricultura y la industria, así como los nuevos enfoques en las artes plásticas, la música y la literatura, todas convergen en un objetivo: alcanzar el bienestar y la felicidad.

Ángel Nazco García.  

Ángel Nazco García, Firmas
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