¿Qué le hace falta al hombre moderno? Por Beatriz Pineda Sansone.

mar 19, 2017 Sin comentarios por

Para el hombre moderno es difícil practicar la paciencia, la disciplina y la concentración. Todo nuestro sistema industrial alienta precisamente lo contrario: la rapidez. Nos estamos convirtiendo en el reflejo de la máquina, porque todas nuestras máquinas están diseñadas para obrar con rapidez. Todo apunta a que existen importantes razones económicas. Al igual que en tantos otros aspectos, los valores humanos están determinados por los valores económicos. La lógica que dice: lo que es bueno para las máquinas debe serlo para el hombre nos permite vislumbrar como el hombre moderno cuando no actúa con rapidez piensa que pierde tiempo, pero luego no sabe que hacer con él. Antoine de Saint-Exupéry nos dejó ejemplos de este tipo de hombres en su clásico titulado “El Principito”.

Con relación a la disciplina es esencial que no se practique como una regla impuesta desde afuera sino que se convierta en una expresión de la propia voluntad; que se sienta como algo agradable, y que nos acostumbremos lentamente a un tipo de conducta que se puede llegar a extrañar si se deja de practicar.

Dedicar un cierto tiempo durante el día a actividades tales como meditar, leer, escuchar música, caminar, no permitirnos, dentro de ciertos límites, actividades escapistas como comer y beber demasiado. Nuestro concepto occidental de la disciplina, así como de toda virtud, es  lamentable que  suponga que su práctica deba ser algo penosa y solo si es penosa es buena. El Oriente ha reconocido hace muchos años atrás que lo que es bueno para el hombre –para su cuerpo y para su alma- también debe ser agradable, aunque debamos superar, al principio, algunas barreras.

La concentración es un aspecto difícil de conseguir en nuestra cultura, en la que todo parece estar en contra de la capacidad de concentrarse. El primer paso y el más importante para alcanzar la concentración es aprender a estar solo con uno mismo sin leer, escuchar radio, encender el móvil, fumar o beber.

Ser capaz de concentrarse significa poder estar solo con uno mismo, y, esa habilidad es precisamente una condición indispensable para desarrollar la capacidad de amar. Será útil practicar un ejercicio simple como sentarse en una posición relajada –ni flojo ni rígido- cerrar los ojos y tratar de imaginar una pantalla blanca frente a los ojos, tratando de alejar todas las imágenes y lo pensamientos que se presenten; luego, intentar seguir la propia respiración; no pensar en ella, ni forzarla, sino seguirla y percibirla; tratar de  lograr una sensación de mí mismo como centro de mis poderes, como creador de mi mundo. Se aconseja realizar tal ejercicio tanto en la mañana como en la noche, durante veinte minutos, antes de acostarse.

Debemos aprender a concentrarnos en todo lo que hacemos. En ese momento, la actividad debe ser lo único que cuenta, aquello a lo que uno se entrega por completo.

Concentrarse en relación con los otros significa, fundamentalmente, escucharlos. Tomar en serio las palabras de la otra personal. El amor fraternal se basa  en la experiencia de que todos somos uno. Las diferencias en talento, inteligencia, conocimiento, son despreciables en comparación con la identidad de la esencia humana común a todos los hombres. La igualdad es una condición básica para la confianza, la solidaridad y la coparticipación. Karl Jaspers expresó que sin el otro no somos, y “yo no puedo estar cierto de mí si no estoy también cierto del otro”. Corresponder a través de la tolerancia en perspectiva de horizontalidad tiene resultados inmediatos: confianza, desalienación, estima, amor, libertad para ser y hacer-se, re-creación, conocerse, dialogar, comunicar. La irrupción de la verticalidad se opone al amor fraternal entre los hombres, porque la verticalidad se interpone entre dos personas y está en el origen de numerosos conflictos y de la ausencia de entendimiento entre los hombres.

Cualquier actividad realizada en forma concentrada tiene un efecto estimulante. Estar concentrado es estar atento, significa vivir plenamente en el aquí y el ahora y no pensar en otras tareas mientras estoy realizando una.

Beatriz Pineda Sansone.

Fuentes:

.  Erich Fromm (1959). “El arte de amar”. Barcelona. Editorial Paidós Ibérica, S.A.

. Jaspers, Karl (2001). “Psicopatología general”. México. Fondo de Cultura Económica.

.  “Utopía y Praxis Latinoamericana”.  Revista internacional de Filosofía Iberoamericana y Teoría Social. Venezuela. Universidad del Zulia.

.  De Saint-Exupéry, Antoine (1975). México. Ediciones Roca, S.A.

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