Cuatro días. Por Tulio Hernández.

mar 20, 2017 Sin comentarios por

I.

Valencia. Es jueves. Si me pongo romántico, puedo decir que hasta la Luna decidió incorporarse a la celebración. Mirada desde donde la Sinfónica Juvenil afina sus instrumentos, la Luna está allí en lo alto. Nueva. Redonda. Como un reflector que ilumina desde el cielo de las azoteas las cinco grandes rosetas de metal que coronan el monumental conjunto escultural del artista colombiano Edgard Negret que esta noche, para la felicidad de esta ciudad, hemos venido a inaugurar.

Estamos en la avenida Andrés Eloy Blanco de El Viñedo. El conjunto escultórico es imponente. Hermoso. Como su nombre: Horizonte paisaje agustiniano. 5 piezas de metal bermellón. Cada una promedia unos 13 metros de altura. Todas juntas, como una plantación de guaduas, sobre una plataforma de unos 17 metros de largo. La más grande obra que el maestro hizo antes de despedirse.

El alcalde Paco Cabrera, con una visión de estadista urbano, la adquirió en el año 2002. Pero vinieron dos acaldes chavistas y la abandonaron en un depósito. El equipo del alcalde Cocchiola la recuperó y aquí estamos esta tarde noche admirándola en todo su esplendor.

El acto es sencillo y breve. Como debería ser siempre en una democracia. Isandra, la conductora del proyecto, irradia satisfacción en sus palabras. El embajador de Colombia, Ricardo Lozano, y el alcalde también. Ninguno habla más de 10 minutos. La orquesta interpreta 3 piezas breves. El cielo se colorea de pirotecnia.

A eso de las 8 de la noche cuando nos retiramos, la Luna sigue en su lugar y la escultura comienza a vivir, seguramente por años. Por décadas. Quizás por siglos. Será bañada por soles, aguas, vientos. Conservará entre sus nervaduras de metal la memoria de Paco Cabrera. Y la de Negret.

II.

Ahora en Porlamar ya es viernes. Leonardo Padrón, cronista y poeta, vecino de estas páginas donde escribo, termina de leer el pregón que da inicio a la Feria del Libro del Caribe. Los escritores que ya han arribado a la isla están felices. El homenaje de este año será para Rafael Cadenas, nuestro poeta mayor. Una voz literaria que nos recuerda a un monje sabio  a punto de recluirse para siempre en un voto de silencio.

Entre quienes ya desembarcaron en la isla de los libros se encuentra Luis Enrique Pérez Oramas, nuestro curador en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Una voz de otro tono. Elocuente.

Nuestra maestra del relato, Krina Ber, escribe en su muro de Facebook: “Debo reconocer algo: en la Filcar se siente el cariño, el respeto y la dedicación a los escritores que participamos en la Feria”.

III.

En Caracas amaneció de sábado. La tarde apenas comienza mientras la versátil figura de Laura Guevara, en la Biblioteca de Los Palos Grandes de Cultura Chacao, mantiene hipnotizados de felicidad a unos 25 niños que asisten a su taller de canto y baile. Un piso más abajo otras 20 personas aprenden origami. Hace más o menos una hora la escritora Inés Muñoz Aguirre sedujo por una hora a quienes asistieron a su taller.

Un piso más arriba, en plena plaza, el grupo Topocho –que realmente significa Top 8, las mejores ocho mujeres jugadoras de scrable en el país– ha hecho un campeonato de demostración. Y unos metros más adelante, dos grupos de niños, uno que bajó de Ruperto Lugo y otro que subió de Guarenas, me lo contaron sus madres, se bañan en medio de una fuente que recuerda las películas del verano en Harlem, Nueva York.

La biblioteca está cumpliendo seis años de existencia. Marianella Montenegro, la conductora del proyecto, María Ester, Mayela y Angie, bajan y suben los cuatro pisos tratando de que todo salga bien. Y así sale. Un cumpleaños feliz al que no le hizo falta velitas.

IV.

En toda Venezuela es domingo. Por la noche, a pesar del control mediático todos nos enteramos del bofetón que le acaba de dar Voluntad Popular a las brujas alcahuetas del Consejo Electoral. Voy a dormir tranquilo. Los demócratas resisten. Unos, los indispensables, lo hacen desde el activismo político. Otros, los de la cultura, dándole amor a los demás. A través del arte, de los libros, de las bibliotecas. Desde la belleza.

No se equivocaba Borges. Aún en los tiempos más desgraciados, escribió en Los conjurados, no pasa un solo día en que no estemos aunque sea por un minuto en el paraíso.

Tulio Hernández.

http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/cuatro-dias_86003

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