“Amargo de Veneçiuela”. Por Josué D. Fernández (*)

abr 13, 2017 Sin comentarios por

Con mi saludo especial en la “Semana Mayor”, les invito a compartir un breve ensayo del que soy autor, difundido hace pocos días en “Papel Literario” del diario “El Nacional”:

http://www.el-nacional.com/noticias/literatura/amargo-veneciuela_89022

 En función de sus efectos, este amargo con parentesco nominativo con el de Angostura,  se distanciaría bastante del que remedió una epidemia de cólera en 1822, en momentos de violento ataque a la población de Santo Tomás de Nueva Guayana en la ribera del Orinoco, también bautizada como Ciudad Bolívar posteriormente. Muy al contrario, el de “Veneçiuela” se aproximaría en generación de trastornos, aunque más graves aún,  al producido por la raíz venenosa de nombre vulgar “yuca amarga”, causante de decenas de muertes e intoxicaciones,  reportadas desde 2016 en un tercio de estados venezolanos.

Angostura Bitters

El nombre de Veneçiuela en referencia, por otra parte, lejos de la atribución al país que mencionaría Américo Vespucio a Lorenzo de Medici como “Pequeña Venecia”,  de manera antagónica se ha querido discutir en serio y en guasa que este más bien tendría procedencia anterior en voz de la etnia Añú o Paraujana, la cual significaría “Agua Grande”, y con la que se conocería  la entrada al lago San Bartolomé, antecesor nominal del lago de Maracaibo.

El inicio del  destino de amargura por aquellos territorios occidentales, extendido a una nación entera, se localizaría millones de años atrás, con la desaparición de los dinosaurios, cuyos huesos fueron a reposar en vastos cementerios sedimentados en enormes fosas. Lo que luego sería una fortuna mundial derivada de sus propiedades como fuente de energía petrolera, alta demanda  y precios, allí se convertiría en tesoro de pocos que esquilmaban la riqueza a la población entera, dejando a todos en mayor pobreza, y debilitados para reclamar justicia a través de engaños y represión.

Primera Locomotora

Versión artística a propósito de la primera locomotora y tren que corrió para apoyar en tendido de rieles entre Puerto Cabello y El Palito en 1865.  Aunque en el acto de inauguración se tomaron Excelentes fotografías, no existía el proceso de impresión para las revistas, usando para ello las litografías. Museo del Transporte, Caracas, Venezuela.

La desgracia proseguiría en principio, al filtrarse los  aceites minerales del subsuelo  y pasar  a contaminar  los reservorios de agua para el consumo de sus pobladores. Entonces la tragedia se manifestó en abandono de la tierra y los cultivos, la ganadería y los campos, porque sus habitantes se trasladaban a las ciudades para sobrevivir en situación de marginalidad. Esa miseria la aprovecharon militares y charlatanes para esclavizarles, con tratamientos populistas de distintos colores, en diferentes momentos de su historia.

Semejante devastación del “Amargo de Veneçiuela” alcanzaría lamentables extremos al suscitarse la interminable escasez de alimentos y medicinas,  en la antesala del 2020, cuando parte de la población se dedica a comer residuos de basuras saqueados a los camiones recolectores, entregándose a la muerte por la propagación de virus y bacterias de difícil combate. La “yuca amarga” empleada asimismo para apaciguar el hambre, únicamente complementaría estragos irremediables por las altas dosis de cianuro en su composición.

La tarea urgente de este país de ahora es la de encontrar a alguien que repita la dedicación del médico alemán Johann Gottlieb Benjamin Siegert, quien hace 195 años dio con la fórmula del amargo de Angostura para detener los avances del cólera. Tal vez ya no sea cuestión de  medicamentos convencionales, sino la de sanar mentes terriblemente envenenadas mediante buenos ejemplos en los que prevalezca la honradez y las  nobles intenciones para doblar 180° hacia  destinos de paz, convivencia y progreso jamás vistos por aquí.

Bueyes arando

Josué Fernández.

(*)https://about.me/fernandez.josue

https://twitter.com/jodofeal

Firmas, Josué Fernández
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