NUESTROS DESTERRADOS. Por Juan Carlos Pérez Toribio.

jul 23, 2017 1 comentario por

Independientemente de si la acción era extemporánea o no, si obedecía – según se rumorea ahora – a no muy claras intenciones, el 16 de julio fue un día de gozo: los venezolanos que se situaban en la oposición querían expresar en las urnas su descontento con el régimen, aportar su grano de arena y colaborar con la solución a la crisis del país. Pero hubo algo más: de alguna manera se constituyó en un acto catártico con  un significado especial para los que siguen estando en el exterior.

Las grandes capitales del mundo se vieron tomadas ese día por infinidad de venezolanos de todas las edades y condición. El asunto causaba satisfacción pero a la vez una profunda tristeza, pues era una forma de constatar que esa especie de desplazado, mezcla de refugiado  y emigrante, que es el venezolano que vive fuera,   se ha ido esparciendo por todos los rincones del mundo, debido a los delirios de una persona, Hugo Chávez,  que ambicionó el poder de una forma tal – como refería alguna vez Carlos Andrés Pérez, quien lo había tenido muy cerca como edecán-, que por ello mismo y desde el comienzo de esta historia, tuvo ya muchos problemas con su amante, la historiadora Herma Marksman, y varios de sus colegas conspiradores.

Lo que voy a decir seguramente no gustará a los simpatizantes del marxismo, ya que ellos creen  – muy hegelianamente-  que la marcha de la  historia transcurre a pesar de nosotros mismos y que es inútil oponernos a ella – de hecho, el deber del revolucionario es, según esta teoría,  revolucionar esa bendita marcha –. Como toda ideología totalitaria, busca poner el acento en lo colectivo y difuminar la individualidad; de esa manera, para ellos no son los individuos los protagonistas de los hechos históricos sino los pueblos. Sin embargo, basta ver la influencia que han tenido diversos personajes en sus países (Napoleón, Stalin, Kim Jong il, Fidel Castro, Mao, Papa Doc, Mandela, etc., etc.) para poner en duda esta tesis. Bolívar mismo es una muestra palpable de ello; caprichos como el de esperar a una amante, retrasaron e hicieron fracasar la Expedición de los Cayos,  y su rivalidad con otros libertadores fue fundamental en el fusilamiento de Piar o en la detención de Miranda, por ejemplo. Sin embargo, Bolívar y sus antojos marcaron una época y acabaron con el dominio español en parte de Latinoamérica. Otro caso es el del mismo Marx, sus ideas de un mundo mejor y más igualitario  impulsaron sus mismas profecías e hicieron que países como Rusia, China y hasta la misma Cuba, donde el capitalismo no había avanzado lo suficiente como para dar paso al socialismo – según la misma condición que imponía las ideas de Marx – , no dudaron en lanzarse en brazos del marxismo en lo que constituyó todo un ejemplo de profecía autocumplida.

El caso es que debido a los caprichos ideológicos  y ambiciones de poder del antiguo teniente coronel Hugo Chávez, aproximadamente dos millones de venezolanos permanecen ahora desterrados y fuera de su país. Primero se fueron los hijos porque no había suficiente trabajo, pues la intervención estatal había provocado el cierre de muchas empresas, y, luego, tras ellos, los mayores, porque no sólo los llamaba la familia sino que no había un Estado que les garantizara la alimentación y sobre todo la salud, tan necesaria a cierta edad.

Como se sabe, atentar contra su propia ciudad y sus leyes  era la mayor ofensa en la que podían incurrir los griegos y el castigo que se imponía por ello era el ostracismo, o, lo que es lo mismo, el destierro. En la Edad Media, donde la iglesia estaba tan vinculada al gobierno, otra forma de ostracismo era la excomunión. De cualquier manera, ambas penas forzaban al individuo a salir de su comunidad, a dejar de formar parte de ella. Se podría decir que no era concebible un mayor castigo. Los que ahora están fuera, saben cuán doloroso puede ser esto de no pertenecer a ningún sitio o grupo social. Por ello, independiente de todo el significado político del plebiscito, la gran movilización de los venezolanos del exterior se debió fundamentalmente a que vieron en ello una oportunidad de volver a ser parte de lo que siempre habían sido: su país .

Juan Carlos Pérez-Toribio.

Firmas

Una respuesta to “NUESTROS DESTERRADOS. Por Juan Carlos Pérez Toribio.”

  1. Bea says:

    Excelente

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